Un presidente sin liderazgo y ambiguamente contradictorio

Como consecuencia del constante tironeo entre la Casa Rosada y los intereses particulares del Instituto Patr”E”a, la gestión de Alberto Fernández se encuentra atravesada por errores recurrentes, que esmerilan su autoridad hasta dejarla en un segundo, o tercer plano.

El gobierno de científicos, parece haber abandonado los espacios de poder que supieron adjudicarle en forma arbitraria, para que la vice presidente haga lo que quiera, y de la manera que mejor le convenga.

El presidente, se reparte entre cometer los mismos viejos errores del pasado, esperando que por “gracia divina” esta vez, la respuesta sea distinta, o improvisando medidas que solo obedecen a los deseos de una persona.

El capital político dilapidado por esta administración es sorprendente.

Las señales que salen desde Balcarce 50 fueron, son y por lo visto seguirán siendo ambiguas. Tal vez empezaron en las filminas expuestas en las “clases magistrales” brindadas por el profesor Fernández durante los primeros meses de la pandemia, que exponían datos que en gran mayoría siempre fueron  refutados. Para no hacerla muy larga, sólo enumero un par de “reculadas” históricas.

Del “No queremos ser Suecia” del presidente, a tener el doble de muertos, de la expropiación a Vicentín a convocarlo como socio estratégico para rebuscarse unos pocos dólares.

Ayer, con el cambio de rumbo en la política exterior, del episodio del embajador en la OEA, Carlos Raimundi, que salió en defensa de la dictadura venezolana, a respaldar el informe Bachelet que condena al regimen genocida del dictador Maduro.

Dicen que hoy Alberto tiene prevista una comunicación con este siniestro usurpador del gobierno venezolano, pero nadie sabe si nuestro presidente se disculpará por el voto de ayer en la ONU.

Entre tantas idas y vueltas, la única política que se desarrolla con claridad es el copamiento de la justicia, que por otro lado es lo único que le interesa a la vicepresidente, y su ejército de mercenarios.

La premisa se basa en exterminar la causa de los cuadernos que llevaría a Cristina y su familia hacia un claro futuro penitenciario, por eso  todos los recursos del oficialismo kirchnerista se concentran en ese objetivo. La brutal embestida a la Corte Suprema, generó un deterioro institucional, solo comparable con el que hoy se vive en Venezuela y en tantos otros regímenes totalitarios.

Al presidente se les cayeron todas las caretas, y quedaron a la vista de todos los hilitos. No le queda margen de maniobra, y su suerte esta fuertemente ligada al futuro judicial de Cristina.

En algún momento Alberto tuvo el poder para convertirse en un verdadero líder, que había conseguido amalgamar las esperanzas de gran parte de la ciudadanía, pero se conformó con ser sólo el “mandadero” de su jefa política. Por otro lado, porque debería ser de otra manera, si Alberto llegó a sentarse en el sillón de Rivadavia, porque Cristina lo puso.

Pablo Castiglioni