Argentina necesita imperiosamente incrementar su comercio exterior

Mencionamos en artículos anteriores los graves dilemas que enfrenta la economía argentina. Son cuestiones objetivas y de larga historia, que han ido creciendo a medida que pasivamente se dejaban crecer y entorpecer más el normal funcionamiento de la economía.

Con el tiempo y con la inevitable vinculación de los procesos económicos se han creado estructuras perversas, distorsionantes, que no pueden modificarse sin un elevado costo, que nadie quiere pagar.
Nuestro sistema democrático hasta ahora ha demostrado su incapacidad para resolver ningún problema de significación. Sólo se aprueban por aclamación medidas aberrantes, populistas y demagógicas. Hay una larga lista de ejemplos, pero para ilustrar el punto menciono sólo las reformas de bienes personales, el impuesto a la renta financiera, la incautación de los ahorros previsionales, el default del 2001.

DESAFIO INLEDUBLE

Los clásicos decían que el gobernante siempre debe decidir entre dos o más alternativas costosas. En el arte del buen gobierno no se puede escapar a este desafío. En nuestro país ese apotegma no se aplica, cuando la decisión implica un costo político, simplemente no se decide.

Un aspecto central a nuestra problemática se relaciona con la limitada importancia del comercio exterior en nuestra economía. EL Fondo Monetario Internacional en su informe sobre la Argentina, pone en evidencia que nuestro país es el más cerrado en términos de la relación de exportaciones sobre el PBI, entre los 20 países medianos con restricciones al financiamiento externo. Nuestras exportaciones son modestas por donde se las mire. Si comparamos con economías que en los 60 exportaban como nosotros, hoy deberíamos vender 10 veces más al exterior como mínimo. Hoy exportamos 65 mil millones de dólares y deberíamos superar los 500 mil millones.

Por supuesto que, si consideramos lo que hace históricamente la Argentina, de gravar con impuestos (retenciones) a las exportaciones es muy lógico lo que pasó. Las retenciones crean un sesgo negativo al exportador.

Por una parte, el exportador recibe más precio en el mercado interno que exportando. En segundo lugar, se crea una diferencia entre el valor de las exportaciones y el de las importaciones. Para exportar hay que importar, las retenciones provocan una diferencia entre los dos tipos de cambio. Entonces el productor que cultiva soja, maíz, o trigo para exportación, observa que por sus dólares le pagan 50 pesos y cuando debe pagar un fertilizante o herbicida el dólar es de $ 70 en algunos casos y de $ 140 en otros.

La estrategia de substitución de importaciones consiste en poner elevados aranceles a los productos finales que se producen localmente y reducir a cero el arancel de los insumos necesarios para producir. Esto provoca el aumento de la protección, llamada efectiva, hasta niveles insospechados. Se protege el valor agregado local, que son salarios y fundamentalmente ganancias empresarias.

Estos intereses creados, más la permanente insolvencia del Estado, que no puede resignar ningún impuesto, van acentuando las distorsiones del régimen hasta transformarlo en blindado: imposible de modificar.

Por otra parte, el que exporta bienes consumidos localmente, debe competir con los consumidores locales que quieren bienes baratos. Especialmente en los alimentos o cultivos vinculados a los alimentos.

LA GRAN EXCEPCION

La gran excepción ha sido la soja, que es un cultivo que se usa para alimentar ganado. Lo importan los productores de carne de cerdo, como China, y es nuestro producto principal de exportación que es el más gravado de todos. La soja se divulgó como cultivo porque su precio era interesante para el productor y no estaba sujeto a los controles de precios ya que prácticamente no se usaba en el mercado interno. Por otra parte, la protección europea de la agricultura no la cubría por ser un cultivo reciente, posterior al inicio del Mercado Común.

Debido a su elevado rendimiento económico se divulgó en nuestro campo y las técnicas y semillas más avanzadas se usaron en su cultivo. El resultado fue un negocio excelente que le generó a la primera presidencia de Kirchner la tentación de las retenciones, que como el canto de las sirenas de Homero fue imposible resistir, se amplió el gasto publico de manera desmedida y ahora debemos ajustar la situación.

El problema se agrava por la demanda de dólares para proteger el ahorro, amenazado por la persistente inflación. Este factor hace muy volátil el tipo de cambio, que al subir hace incontrolable la inflación interna de los alimentos y crea un incremento de la pobreza.

Desarmar esta verdadera bomba de tiempo es muy complejo, por los efectos indirectos de cualquier cambio abrupto.

LA PROPUESTA

La pasada semana un grupo de entidades agropecuarias, que incluyen a las principales cámaras del sector (son 16) más las bolsas de cereales y de comercio (en total 6) más otras 17 entidades incluidas federaciones y confederaciones, hicieron una propuesta al Gobierno, tratando de romper el impasse actual donde el ministro ya anunció más impuestos y medidas de expansión de corte keynesiano, es decir más de los mismo.

El objetivo de la propuesta es consolidar a la Argentina como líder en el comercio internacional de alimentos de origen animal, vegetal y exportador de tecnologías del ecosistema agroalimenticio y tecnología de la información, incluidas maquinarias, insumos y servicios profesionales y técnicos.
La meta sería lograr a corto plazo un aumento de 35 mil millones de exportaciones, alcanzando los 100 mil millones de exportaciones, generando 700 mil empleos adicionales y produciendo un efecto fiscal neutro.

El efecto fiscal se logra por el aumento de recaudación de la mayor actividad productiva menos el efecto de la devolución en las cuentas tributarias individuales de los beneficiarios de un régimen especial donde se mide el efecto incremental de la exportación.

Los principales aumentos de exportación son en cereales, oleaginosas y forrajeras donde se estiman hasta 2025 cuatro mil millones adicionales, tres mil millones más en la industria aceitera, tres mil quinientos adicionales en las futas frescas que incluyen cítricos, manzanas, peras, arándanos y cerezas, y mil seiscientos mas en carne vacuna. El efecto total para ese período es de aproximadamente 16.000 millones de exportaciones adicionales.

Tomando en cuenta el impacto en el valor agregado se calculan en 210 mil los nuevos puestos directos de trabajo más otros 500 mil indirectos.

Realmente parece una oportunidad singular y alentadora, en cuanto se aúna el esfuerzo privado para un objetivo que permitiría contribuir a iniciar un verdadero cambio de paradigma.

Así como decíamos que a los acreedores externos había que tratar de tranquilizarlos no de asustarlos, también habría que alentar esta iniciativa brindando confianza y estímulo, y seguramente así lograremos un buen resultado. Parece un proyecto factible, ayudaría a resolver el permanente estrangulamiento de la balanza de pagos y a cumplir con las obligaciones financieras del Gobierno, pero requiere una apuesta del Estado a favor de la capacidad del sector privado. Es un cambio de filosofía, dejar de lado la fantasía del Estado presente y controlador, para apostar por la capacidad de un sector que está en condiciones de hacer una gran contribución. Ojalá tenga la repercusión adecuada.

* Academia del Plata.

Publicado por: La Prensa.com.ar